Por: Dharma Bueno
“Los animales, asombrados, pasaron su mirada del cerdo al hombre, y del hombre al cerdo... pero ya era imposible distinguir quién era uno y quién era otro" -George Orwell (Rebelión en la Granja, 1945)
Era 1943, en pleno apogeo de la Segunda Guerra Mundial, cuando George Orwell comenzaba a escribir una sátira política que años después seguiría incomodando a gobiernos y ciudadanos por igual. En la novela Rebelión en la Granja se narra la historia de unos animales a modo de metáfora simbólica. Tras la propagación de su ideología “animalista”, los animales deciden expulsar a su dueño humano con la esperanza de construir una sociedad basada en la igualdad. Sin embargo, con el paso del tiempo, aquellos que parecían liderar el “animalismo” de una manera justa y limpia, los cerdos, comienzan a modificar silenciosamente los mandamientos originales, reinterpretando las reglas para justificar privilegios cada vez más grandes.
Lo que llama la atención de este proceso no es solo la traición, sino su progresivo surgimiento. Cada alteración de los mandamientos parece razonable en el momento. Hasta que un día, los animales observan detalladamente a los cerdos y se dan con la inquietante sorpresa de que ya no pueden distinguirlos de los hombres a quienes antes habían jurado reemplazar.
Los Mandamientos de la Granja Animal
Todo lo que camina sobre dos pies es enemigo amigo
Ningún animal dormirá en una cama con sábanas.
Ningún animal beberá alcohol en exceso.
Ningún animal matará a otro animal sin causa.
Mediante la historia, Orwell nos explica aquello que costaba entender, la manera en la que los discursos de revolución pueden transformarse en instrumentos de dominación cuando el poder deja de ser cuestionado.
Si bien los gobiernos de cada país y tampoco el de Perú son una granja, la sensación de confusión institucional y el cambio de narrativas según conveniencia resultan familiares. Cuando los políticos enfrentan acusaciones pero se amparan en inmunidades o manipulación mediática, se nos da a entender claramente cómo es que la ley existe, pero no es la misma para todos. Sea mediante el celular, la televisión o el periódico, observamos constantemente cómo lo que antes era A ahora es B; cómo el periódico 1 defiende a X y el periódico 2 lo condena; cómo todos se contradicen, cambian de discurso y fingen que “así fue siempre”.
La narrativa política se ajusta todo el tiempo y no para aclarar sino para subsistir, generando que el cambio sea costumbre y la contradicción nos deje de sorprender. El riesgo que sufrimos, y que nos advierte la novela, no es solo la corrupción abierta, sino la aceptación de que “así funcionan las cosas.”
“Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros”
Desde 2016 hasta el día de hoy, en Perú hemos tenido 10 presidentes. ¿El estado actual de ellos? 4 se encuentran en prisión y 6 enfrentan o han enfrentado procesos penales, sin contar toda la controversia y polémica que su historial carga. Sin embargo, más allá de los números, lo que preocupa es el patrón que se repite: autoridades llenas de investigaciones y procesos judiciales que avanzan con una lentitud consternante. Según datos del Ministerio Público, el 85 % de los congresistas ha sido investigado en los últimos años por delitos que van desde el tráfico de influencias hasta el crimen organizado. Sin embargo, muchos de estos procesos quedan suspendidos o limitados debido a la inmunidad parlamentaria. Mientras un ciudadano común puede enfrentar una investigación inmediata, un congresista requiere procedimientos adicionales para que su caso avance, tal como en Rebelión en la Granja, donde los mandamientos funcionan según conveniencia.
Al final de la novela, los animales ya no recordaban si los mandamientos alguna vez fueron distintos. Se olvidaron de si en algún momento existió lo correcto, lo justo, y decidieron aceptar la realidad. El peligro que Orwell denuncia no es la corrupción explícita, sino la silenciosa sujeción de los gobernados. Si aceptamos que la ley y la responsabilidad gubernamental son instrumentos maleables según la conveniencia del poder de turno, caemos en el error que el libro tan ferozmente nos alerta. Al final, el peligro no es solo que nos roben como país, sino que nos roben el derecho a la verdad. Si ya no recordamos que las cosas pueden ser distintas, entonces la rebelión no sólo fracasó, sino que ya ni siquiera somos capaces de imaginarla.
Lo que no nos narra el libro, es la forma en cómo se debería de retomar el camino, la nueva rebelión, pues, los errores son cíclicos, lo mismo que los aciertos.
Nuestro país hoy enfrenta un nuevo reto: elegir a nuestro gobernante y al poder legislativo que lo acompañará durante cinco años. ¿Será este el momento de una nueva rebelión, entendida esta como el momento en que los ciudadanos pueden y deben repensar su estado y tomar decisiones que permitan cambiarlo? Parece que sí: quienes votan tienen una nueva oportunidad de cambiar las cosas; para ello, quizá es necesario un ejercicio concienzudo en identificar a quién sí y a quién no se elige. Este debería ser un ejercicio común, pues, así como en la granja, la voluntad individual no hará el cambio, pero la acción de todos seguro que puede marcar la diferencia.
1. Orwell, G. (2021). Rebelión en la granja. Debolsillo. (Obra original publicada en 1945). 2. Defensoría del Pueblo. (2023). Reporte de Conflictos Sociales N° 230. https://www.defensoria.gob.pe/areas_tematicas/paz-social-y-prevencion-de-conflictos/ 3. Ministerio Público - Fiscalía de la Nación. (2024). Estadísticas de carpetas fiscales sobre funcionarios públicos y altos dignatarios. Plataforma Única del Estado Peruano. https://www.gob.pe/fiscalia
4. Transparencia Internacional. (2024). Índice de Percepción de la Corrupción 2023: Resultados por país - Perú. https://www.transparency.org/en/cpi/2023
5. Degregori, C. I. (2022). La década de la antipolítica: Auge y caída de Alberto Fujimori y el fujimorismo. Instituto de Estudios Peruanos (IEP).
6. Levitsky, S., & Ziblatt, D. (2018). Cómo mueren las democracias. Ariel.